martes, 21 de junio de 2011

Características del caudillismo en América Latina

Los caudillos tienden a permanecer en su puesto por un periodo extenso de tiempo. En tanto que se tiende a despreciar el orden legal y mina, domina, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal, construye las condiciones necesarias para su perpetuación en el poder. 

Los caudillos generalmente gobiernan de una manera autocrática, que con frecuencia implica la supresión de la oposición, la creación de partidos y movimientos oficiales y la supresión de otros. 


Los caudillos han evitado generalmente lo que los estadounidenses llamarían normas democráticas de gobierno; en su lugar, ellos tienden a erigir sistemas estatales orgánicos. 

Los caudillos generalmente desarrollan políticas públicas designadas para enriquecerse ellos y a su clientela, a preservar el status que ellos han establecido. Desde el vórtice del poder que ejercen, "hacen el bien" repartiendo de manera discrecional los recursos con los que cuentan. 


Los caudillos tienden a ver poca diferencia entre el dominio público y el privado; ellos operan dentro de una concepción patrimonialista y con frecuencia usan su puesto y el aparato del Gobierno para su ganancia personal. 

Aunque los caudillos pueden gobernar de una manera autoritaria, que es con frecuencia un reflejo de las propias normas y expectativas generales de su propia sociedad, ellos pueden ser no completamente totalitarios. Hay límites más allá de los cuales el líder no iría. Gobernar de una manera tiránica viola el contrato social informal pero plenamente comprendido o "reglas del juego" que gobiernan las relaciones del caudillo con la sociedad política. 


A esta lista habría que agregar que el caudillo tiene la necesidad funcional de atacar a los "enemigos del pueblo", tanto internos como externos. Moviliza a grupos sociales bajo la bandera de la defensa nacional de losa taques del adversario y, pudiendo ser reales, tienden a llevarse al punto de enemigos mortales y chivos expiatorios de los fracasos, originándose estados de exaltación y paranoia colectiva. En América Latina, el enemigo por definición es Estados Unidos.

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